El futbol lluita contra l’Alzheimer

 
 
(FIFA.com) Viernes 25 de noviembre de 2011

Se suele decir que, como aficionados, el fútbol corre por nuestras venas. Se dice tan a menudo que, de hecho, la frase está más que manida, y hace tiempo que adquirió categoría de tópico.

Pese a todo, no ha perdido ni un ápice de validez ni verdad: para la mayoría de nosotros, el fútbol forma una parte importantísima de nuestra identidad y de nuestro ser. Además de representar una pasión en sí mismo, el fútbol se encuentra inextricablemente unido a nuestras familias, hogares, ciudades, sueños de infancia y, en definitiva, a nuestras vidas. Nada de lo dicho es nuevo; la auténtica novedad es que en Escocia se ha descubierto una forma de aprovechar este poder único que posee nuestro deporte, mediante un método que está alcanzado resultados espectaculares con los pacientes de Alzheimer.

La dolencia, cada vez más extendida entre la población, provoca el declive de las facultades mentales, y se cuenta ya entre los problemas sanitarios más apremiantes del mundo desarrollado. Quienes la padecen sufren una paulatina pérdida de memoria, cambios de humor, y se ven privados de lo que más conocen y aprecian: los recuerdos de toda una vida y hasta los nombres de sus seres queridos. Como consecuencia, sufren falta de seguridad en sí mismos, lo que acarrea un paulatino alejamiento de la sociedad.

El fútbol participa en la lucha contra el Alzheimer como inductor de recuerdos, y se sirve de fotos y objetos de especial interés pertenecientes a los clubes favoritos de los pacientes para volver a establecer un contacto, al menos durante unos instantes, con su historia personal perdida. Esta labor, que actualmente se conoce con el nombre de Proyecto Memoria del Fútbol, comenzó en 2009, cuando Michael White, historiador del Club de Fútbol Falkirk, se embarcó en el experimento con más ilusión que expectativas reales de éxito.

Según ha explicado a FIFA.com: “Me parece que mucha gente, incluido yo mismo, creyó que la idea era demasiado simple como para que funcionara tan bien como funciona. La terapia de la memoria no es nada nuevo en el tratamiento del Alzheimer, pero cuando fui a dar las charlas en las residencias, me di cuenta de que, de un grupo de 20 de personas, tan sólo dos o tres sacarían algo positivo de las sesiones. La mayor parte de la terapia de la memoria se dirigía sobre todo a las mujeres, porque se centraba en cosas como la ropa o la música. Siempre tuve la impresión de que el fútbol era el mejor vehículo para llegar a los hombres, pero lo que realmente ha dado frutos ha sido el uso de fotografías de sus respectivas épocas y equipos”.

“Te encuentras con un hombre que llega a ti con la cabeza gacha, al parecer totalmente ausente, y entonces le enseñas una foto y el rostro se le ilumina al instante. Recientemente, a un señor de un grupo le enseñé lo que no era más que una vista general de un partido de los años 50 entre el Falkirk y el Celtic. Inmediatamente saltó: ‘¡Ése es el partido en el que Charlie Tully marcó dos goles de córner!’. Y tenía razón. Estas cosas pasan en cada grupo y, como consecuencia, surgen otros recuerdos. A nosotros y a los cuidadores se nos hace increíble presenciar algo así”.

Convenciendo al mundo científico
El experimento de White se propagó a gran velocidad y, conforme se difundía por todo el país, recibió el respaldo de Alzheimer Scotland y de la Asociación Escocesa de Fútbol. El Museo del Fútbol Escocés, sito en Hampden Park, se convirtió en el centro del experimento, inundado con los sonidos de los molinillos de entrada a los estadios y el aroma de los vestuarios restaurados del museo, capaces de evocar multitud de recuerdos.

Los rumores del éxito del nuevo proyecto llegaron hasta la comunidad científica. No tardó en personarse a las sesiones un equipo de investigadores de la demencia, en principio escépticos, dispuestos a analizar todos los datos que respaldaban las pruebas anecdóticas cada vez más abundantes. Lo allí observado bastó para justificar el estudio de un año de duración que llevó a cabo la Universidad Caledonian de Glasgow, cuyos resultados dieron la razón a todos los argumentos que familias y cuidadores de los pacientes habían mantenido durante tanto tiempo.

El informe final contenía ejemplos de pacientes que lloraban de alegría, y concluía que todos aquellos que participaban en el proyecto se encontraban “más seguros de sí mismos, más tranquilos, más habladores en el grupo y, posteriormente, más comunicativos con sus parejas”.

Una de las coautoras, la catedrática Debbie Tolson, recuerda cómo tuvo que abandonar su escepticismo inicial. “No soy aficionada al fútbol, por lo que no conocía (pese a que ahora lo sé bien) la importancia que tiene el fútbol en la vida de la gente”, explicó a la BBC. “Nuestros investigadores asistieron a las sesiones de los grupos, pasaron muchas horas observando cómo repercutían en los asistentes, y a decir verdad me quedé estupefacta. No creo absolutamente en nada hasta que me convenzan las pruebas, por eso me pareció impresionante cómo llegaba a encenderse gente que previamente se encontraba tan apagada y distante de nosotros”.

Para Irene Gray, esposa de uno de los beneficiarios del proyecto, el informe de la universidad únicamente confirmó lo que ella ya sabía. “Mi marido es una persona diferente cuando sale de allí”, comenta. “Está muy animado. Habla sin parar de camino a casa, y no necesariamente de fútbol. Sé que puedo dejarlo allí y que, cuando regrese a buscarlo, va a estar contentísimo, de muy buen humor. A mí también me alegra el día. Es una bendición del cielo. Lo ha devuelto a la vida”.

Una parte de nuestra propia identidad
¿Qué tiene el fútbol para establecer con estos hombres un contacto tal que otros elementos, al parecer más importantes, de sus vidas parecen incapaces de crear? “Conforma una parte esencial de nuestra identidad, al menos en este país”, opina White. “No sólo el fútbol per se, sino también todo lo que lo rodea: la preparación para un partido, con quién vas, dónde vas a tomarte una cerveza antes, las pullas que te gastas con los compañeros el lunes por la mañana. Para mucha gente constituye una parte esencial de sus vidas y de su propia identidad”.

Dado el éxito del proyecto, el paso siguiente será llevarlo fuera de Escocia y a todas aquellas personas que sufran enfermedades distintas del Alzheimer, pero puedan beneficiarse de igual manera. Su mensaje se ha difundido a través del sitio web “Alzheimer Scotland’s Football Memories”, inaugurado recientemente con la finalidad de recaudar fondos y concienciar al público, por no mencionar el objetivo de recabar recuerdos de los aficionados para crear una gran base de datos.

Martin Greig explica: “Nuestro objetivo consiste en acumular la mayor colección de recuerdos de los aficionados al fútbol jamás recopilada. En el sitio disponemos ya de estupendos recuerdos que nos han enviado personajes famosos, escritores, periodistas y futbolistas, como Zinedine Zidane, para captar el interés del público. Pero aquí son los seguidores quienes tienen la palabra. Lo primero y principal que queremos es que los aficionados exploren el sitio y se sientan motivados a dejar en él sus recuerdos de fútbol preferidos. A la vez, nos gustaría que leyeran sobre el trabajo que está llevando a cabo Alzheimer Scotland en los grupos del Proyecto Memoria del Fútbol. El sitio está creado para todos y cada uno de los aficionados al fútbol del mundo entero”.

Según White, el sitio web cumple el propósito de “establecer un puente entre las personas a las que estamos tratando, quienes no pertenecen a la generación de Internet, y aquéllas que pueden llevar adelante este proyecto”. Si bien es cierto que el trabajo de este entregado historiador y demás voluntarios es digno de encomio, igual de impresionante resulta el hecho de que él mismo se entusiasma tanto con los recuerdos como los pacientes.

“Lo más satisfactorio es ver cómo se les ilumina el rostro cuando sacas las fotos”, asegura. “Uno de los hombres de mi grupo, que había jugado con el Celtic después de la II Guerra Mundial, murió hace poco. Pero jamás olvidaré la última vez que lo vi. Cuando se lo llevaban de la sala en su silla de ruedas, levantó los pulgares hacia mí y gritó: “Muchacho, éste ha sido el mejor día de mi vida”. En esos momentos pensé: ‘¡Que se queden con todos sus estudios universitarios! A mí me basta con esto”.

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